Mis primeros trenes (I)

martes, 14 de septiembre de 2010

 

Una pregunta muy habitual cuando alguien me conoce es que porqué me gustan los trenes, cuando en mi familia no hay ningún antepasado ferroviario ni que le gusten los trenes. Y yo, la verdad, es que no sé que responder, porque no lo sé realmente. Sí que sé que, desde pequeño, todo trasto sobre ruedas me ha llamado la atención, sea un tren, un autobús, un coche o un tractor.

Los primeros recuerdos que tengo sobre los trenes tienen que ver mucho tanto con Fuenlabrada, donde siempre he vivido, como con Carabanchel, mi segunda casa. Si pudiera ordenar "por fecha" las imágenes que tengo en mi cabeza, creo que lo primero que recuerdo son los viajes en el Metro y en el tren de Móstoles con mi abuela. Recuerdo perfectamente coger en Aluche la línea cinco a Vista Alegre, y aquellos trenes (los miles) que me acompañaron en tantos y tantos viajes desde que era niño hasta que ya era un adulto. Me chiflaban aquellos ventiladores bajo los asientos, la asuencia de algunas ventanas para forzar la ventilación, o los agujeritos en las paredes de las cabinas donde, si ponías el ojo, podías ver la vía. También me llamaban mucho la atención los trenes azules de la línea diez (los trescientos), cuyo interior me chiflaba porque, parecía ser mucho mas moderno, pero conservaba ese "algo" que hacía a esos trenes tan característicos y que no me atrevería a describir. Una vez, incluso, recuerdo que bajando de Plaza de España para Lago, el maquinista llevaba la puerta de la cabina abierta y yo, curioso como el que mas, me asomé para ver qué se veía desde aquella privilegiada ventana frontal.

Relacionado con todo ésto estaban los viajes a Móstoles (con billete combinado Metro-Renfe), en aquellas unidades (440) azules y amarillas con asientos de skay y olor a creosota de traviesas (ese olor tan característico de las traviesas de la via). Recuerdo que en invierno te asabas con aquella calefacción que tenían y, en verano, también te asabas por la ausencia de aire acondicionado. Me chiflaban aquellas butacas abatibles en las puertas, las portezuelas correderas de los departamentos, y los botones verde y rojo de abrir y cerrar puertas con un sonido muy característico.

Ya mas crecidito tengo recuerdos de trenes pasando por Fuenlabrada que, si los viera hoy, me daria un soponcio de la alegría: los TER azules y plata, el Talgo III Madrid-Lisboa con su locomotora 2000T, las verdes y amarillas Alco 2100 con los mercantes, o incluso unas recién estrenadas locomotoras 319.3 remolcando coches 16200 de regionales. Y hoy, no quedan por alli nada de ésto.

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