Blanco y negro

domingo, 16 de agosto de 2009

 



La verdad es que el pobre Lucas estaba pidiendo a gritos compañía, porque dejarle cerrado en casa sólo cuando me voy a trabajar no es una solución muy apropiada, y mas con éstos calores. Así que, cuando surgió la oportunidad de adoptar esta gatita negra de la estación de Vicálvaro, acepté y me la llevé a casa. Bien es cierto que el primer dia fué de lo mas estresante y agotador, para ella y para mi, porque separarla de su madre después de los dos o tres meses que había pasado allí y llevarla a un nuevo hogar fué algo traumático. Aún escucho los exagerados maullidos que emitía cuando saliamos de la estación en el coche. Las que hasta entonces habían sido sus cuidadoras, las chicas que se encargan del repostaje de gasoil, les daba pena que se marchara pero tampoco podían quedarse cuidando de ella.

Lucas al principio no llevó bien eso de que metieramos en su territorio otro bicho, pero poco a poco fué mejorando la cosa hasta que han empezado a jugar juntos, por casa y por el jardin. Así que ya tienen compañía mutua.

He dudado mucho cómo llamarla: Carol, Lola, Rita... al final la cosa se quedó entre Lois y Lúa. Y al final se ha quedado como el proyecto de rockero

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