Drugs, sex and Rock & Roll (2)

jueves, 25 de febrero de 2010

 

Después de aquel dia con los fumadores empedernidos de porros, no volví a quedar -lógicamente- con aquellos tipos. Pero resultó que en una ocasión me encontré en el Talgo camino de Madrid con la lesbiana de aquel dia, y estuvimos hablando animadamente en el tren (pasados los efectos, parecia que la conversación SI era posible), y resumiendo le dije que sí, que me parecia muy bien, pero que aquel no era mi rollo.

Tiempo después conocí a un chaval de Antequera y salí con el una noche a un Pub de ambiente que había allí. El chaval era mono, jovencito (¿19?¿20?) como a mí me gustan, delgadito, un puntito andrógino... el caso es que me molaba. Aquella noche después de aquel pub, donde ya le conté que a mi el rollo de las drogas, porros, etc..., como que no, y que cuanto mas lejos mejor, fuimos a otro garito, y una piva le dió a probar un cigarro que no olía muy bien, pero no era un porro, doy fe. Éste le dió un par de caladas y se lo devolvió. Al final nos fuimos a mi casa, folleteamos toda la noche, yo al dia siguiente (que tenía que trabajar) casi me muero cuando toca el despertador, pero lo pasé genial.

Resultó que éste chico era amigo del chaval de los porros con el que había quedado hacía unas semanas. Y total, que por una cosa o por otra, le invitamos a merendar a mi casa. Ellos, que eran viejos conocidos de golferías, droguerías, y borracheras, charlaban animadamente durante la merienda y en un rato que me distraje, al retomar la conversación, me dió la ligera sensación de que estaban discutiendo a ver cuál de los dos se metía mas. Y resultó que no, no era una ligera impresión, era algo real.

No recuerdo si fué ese mismo dia, o algunos después, éste chaval me invitó a ir a su pueblo a tomar algo. Nada mas llegar allí, nos cruzamos con un chico amigo suyo y comentaron algo de, en un rato, ir a pillar. Ya iba yo con un mosqueo de la ostia para allá pero, a medida que iba sucediendo la noche, me dí cuenta de que me había metido en la boca del lobo. Fuimos a un garito, mi ligue entró dentro y yo esperé fuera a que saliera con su preciada mercancía. Después me metieron en un coche de un fulano amigo de no se quien y, a cien por hora por calles adoquinadas de un pueblo de mala muerte, me llevaron a un lugar oscuro donde, tranquilamente, se dedicaron a hacerse sus preciadas líneas blancas y administrárselas por via nasal. Yo al ver el tono que iba tomando aquello me bajé del coche y esperé fuera a que terminaran su tarea. Mi ligue, extrañado (¡extrañado encima!) salió a preguntarme si me pasaba algo...

Aquella noche lo único bueno que trajo fué que conocí a Manu, un chico con el que estuve saliendo cuatro meses y que, de su panda, que incluía a mi ligue de aquella noche, era el único que no se drogaba. No os voy a contar los líos en los que me metí por estar liado durante algunos días con los dos a la vez (hubo una ocasión en que estuve enrollándome con tres chicos de tres pueblos distintos, pero eso lo contaré otro dia), ni siquiera como siguió aquella noche que terminó cabreándome hasta niveles insospechados, y yo cuando me cabreo, me cabreo (y poca gente me ha visto cabreado), y aquel chaval, después del embolado en el que me había metido sabiendo que no quería ver nada parecido, tuvo que oirme, incluso le hice llorar.

Y toda esta historia tiene un porqué que os contaré en breve.

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