La velocidad variable del tiempo (Domingo, 24 Febrero 2008)

domingo, 25 de noviembre de 2012

 

Hoy escribo con tinta roja porque he olvidado el bolígrafo azul, así que éste cuaderno va a quedar un poco colorido con tanta variedad de colores. Y he olvidado el boli azul porque no, no estoy en el hotel, hoy toca paseo por la gran Barcelona, y aquí me encuentro sentado en un extraño banco de diseño en la Avenida de Porta de L'Angel, al ladito de la plaza de Cataluña. He venido a darme un garbeo por ésta zona de Barcelona que, la verdad, no conocía, un gran área peatonal que nunca habia descubierto.

Ni que decir tiene que con mi paseo de hoy estoy sufriendo el conocido síndrome de hormonas efervescentes, porque no lo neguemos: los barceloneses están muy buenos. Sí, sigo salido, pero no es una opinión oportunista: daros una vuelta por la página de contactos de chueca.com y buscad: chicos de 18 a 20 años de Barcelona. Y ya me diréis si están o no están buenos.

Barcelona es una ciudad muy gay, siempre lo he notado, desde la primera vez que vine allá por 1999 (17 años tenía yo), y más aún en mis tiempos de "ruta" de Talgo. No era raro, cada vez que caminaba desde el hotel hacia la estación o viceversa, encontrarme con una pareja de chicos que paseaban de la mano. Pensaba al principio que, tal vez, aquel barrio de Sants era un poco "Chueca" pero en Barcelona, algo qe el tiempo se encargó de desmentir: todo Barcelona, o al menos lo que yo conozco, es como "Chueca". Sea en Sants, La Maquinista, Gracia, La Rambla, la Diagonal, o el Fórum, no es extraño encontrar parejas del mismo sexo paseando de la mano (lo cual, dicho sea de paso, no debía extrañar a éstas alturas de la vida).

Recuerdo con especial simpatía la cena que me pegué en el Viena de Pelai en mi visita a comprar la Siata. De hecho, me recorrí la Diagonal con la Siata y llegué y aparqué al lado de la calle Pelai, justo en la esquina del metro de Universitat. Éstaba cenando tranquilamente mi favorita flauta de vedella cuando entraron cuatro chavales de no mas de diecisiete años, claramente gays, pero sin ser mariconas locas, y realmente me dieron mucha envidia: ya quisiera yo con su edad haber tenido amigos así, que me hubieran comprendido y/o ayudado, no sentirme un "perro verde", y tener las cosas así de claras, dicho sea de paso. Envidia que, los dos yogurines del banco contiguo al mio también me están dando, ya que llevan dándose el lote sin mayor preocupación desde que me he parado a escribir el tele-blog de hoy. Y seguro, que los escasos diez o quince minutos que yo empleo en escribir este folio y medio de redacción, no supone para ellos más de medio minuto porque, en ciertas situaciones, como la suya, el tiempo corre mas despacio aunque el segundero mantenga invariable su velocidad.

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