Siete dias de veintisiete

domingo, 27 de septiembre de 2009

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Llevo sin escribir siete dias, los que han pasado precisamente desde mi cumpleaños, y fundamentalmente es por falta de tiempo: llevo más kilómetros a la espalda en ésta semana que el baúl de "la piqué". Al igual que el este verano, cuando "peinamos" a la vieja en Miami Playa, estos dias atrás he estado con algunos compañeros recorriendo nuevas líneas para conocerlas, en éste caso en el norte. Hacía muchos que no andurreaba por Euskadi (a decir verdad, hace un año y medio estuve en Bilbao pero casi testimonialmente), y sitios como Donosti llevaba sin visitarlos cerca de diez años. Me ha gustado mucho conocer, desde alante, porque como viajero sí lo conocía, todo el ámbito ferroviario del Pais Vasco, y me ha sorprendido mucho la gran cantidad de cambios que ha habido en éstos años.

Lo que sí que es cierto es que hubiera deseado disponer de un poquito mas de tiempo libre, porque salvo el día que cenamos en San Sebastián (con el Festival de Cine en plena efervescencia), ha sido todo bastante monótono y agotador. De Bilbao por ejemplo teníamos la salida a las seis y cuarto de la mañana y volvíamos al filo de la hora de cenar, y lógicamente, lo único que apetece es coger la cama cuanto antes. Pero bueno, a ver si es cierto que empezamos a viajar en serio por el norte, y así culmino alguna cita que tengo por ahí pendiente.

En otro orden de cosas, el viernes antes de mi cumpleaños por fín culminé un proceso que ha durado casi tres años (por muchas circunstancias diferentes, todo sea dicho): he pasado la ITV al Land Rover, y he obtenido el permiso de circulación que era el último trámite para poder por fin andurrear con él. Ya solo me queda hacer éstos dias el seguro, así que intentaré la semana que viene estrenarlo de verdad. Y a su vez, a mi pequeña furgonetilla Siata la he dejado en un taller especialista en Seat 600, que es la misma mecánica que la de mi furgoneta, para que la preparen para una profunda revisión, que falta le hace sobretodo en lo relativo a los frenos.

Y por ahora, poco mas hay que contar. Este tocho seguro que va a resultar super-aburrido a quien siga el blog y no le gusten los coches, pero a falta de algún jovencito salido que ocupe mi tiempo y haga de mí su juguete particular, ésto es lo que hay. Hasta la próxima.

Veintisiete

domingo, 20 de septiembre de 2009

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Qué mas decir. Hoy, hablemos de mí.


Conciertos en la playa

viernes, 18 de septiembre de 2009

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Este verano, durante mis vacaciones, he vivido dos experiencias musicales sin igual y que recomiendo encarecidamente.

El primer episodio tiene que ver, nuevamente, con el sur: el concierto de apertura de la Feria de Málaga. A decir verdad, yo no tenia ni puta idea de ésto, y si lo llego a saber me voy directamente para allá desde Madrid, porque me perdí un concierto de Despistaos, que me gusta, y de Estopa, que me gusta menos, pero me parece audible. El caso es que unos amigos de Madrid bajaron a pasar el fin de semana a Málaga y nos apuntamos a dar una vuelta por la capital, y nos encontramos con un increible conciertazo en la playa de Kate Ryan. Y digo impresionante no por la pava esta, sino por el tremendo despliegue técnico de luz y sonido,y por supuesto afluencia de personal en la playa de la Malagueta. Yo en la vida había visto tantos megavatios de sonido juntos, y esque aparte de la torre de altavoces del escenario, unos trescientos metros mas atrás habian dos tremendas torres de altavoces que debian atronar hasta a los almerienses. Los vecinos, desde luego, debían estar que trinaban, pero desde luego que la juerga que allí habia montada era de órdago.

Las canciones de la rubia no estaban del todo mal, me quedo con ésta que fué una de las últimas qeu tocaron. Por cierto que uno de los teclados de la banda perdía aceite a razón de 300 litros por segundo por lo menos ¡la virgen!. Menos mal que no era mi tipo, que si no me hubiera puesto malito all mismo entre tanto malaguita bronceado y mazao.



Ahora nos trasladamos en el tiempo y el espacio. Barcelona, mi primer cárter arreglado, comienzo a abusar de la hospitalidad de mi amigo Hugo y de Luis y me alojo en la casa del primero. Desde hacía varios dias Luis Ramiro había anunciado una "kedada" musical en la playa de la Barceloneta para uno de los dias que yo estaba en Barcelona, así que sin dudarlo me apunté. Y si la experiencia malagueña fué increible por el despliegue técnico y por la afluencia de gente, éste concierto fué justo lo contrario: eramos bastantes, pero lo único que habia allí eran guitarras y cuerdas vocales. Luis, Marwan, y Rafa Pons (al que conocí alli, pues jamás lo habia escuchado) tocaron durante varias horas multitud de canciones entre anécdotas como el hombre nudista que salía del agua, o la máquina limpiadora de la playa que obligó a retirarnos durante un rato de nuestro asentamiento.

Y aunque aquello duraba y duraba, yo me tuve que marchar por no incomodar a mis anfitriones, que no aguantaron mucho allí sentados y se fueron a casa (lógico si no te gustan los cantautores). De aquella noche, además de un muy buen recuerdo, me llevo también el primer disco de Luis que era imposible de conseguir, y rematando la faena, firmado por él, que dicho sea de paso, es un encanto. ¡De San Cristóbal tenía que ser!.

Aquel yogurín

miércoles, 16 de septiembre de 2009

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Hace mas o menos un año, tal vez un poco mas entrados en octubre, cortaba con mi último novio, aunque en realidad no se si a aquel mes escaso se le puede llamar noviazgo. Aquel yogurín antequerano me volvía loco (y me sigue volviendo, pa que negarlo), y nuestra extraña relacion de amor y lejanía durante los tres años que han pasado desde que nos conocimos sigo recordándolos con agrado y cariño hacia él, algo que sin duda me consta que es recíproco.

Posiblemente jamás olvide aquel último fin de semana en mi casa de Campillos, último fin de semana de mi vida allí, pues ya me volvía para quedarme en Madrid. Después de muchos meses nos reencontramos y pasamos dos fabulosos dias, mas que de sexo, de pasión. Posiblemente como el resto de veces que hemos estado juntos, solo que en aquella ocasión era especial porque, en el fondo, era el fin de mi vida campillera.

El caso, es que a a mi querido amigo, lo conocí un verano, por casualidad, y me hizo mucha gracia el hecho de que me engañara con el tema de la edad: tenía 17 y me dijo que tenía 18. Sobre ésto, que es algo bastante mas común de lo que parece (aunque yo lo tengo olvidado, pues hace que no conozco a algún chico nuevo... un año y pico), leí una interesante entrada en éste blog, cuya lectura recomiendo encarecidamente, mas que nada por que creo que transmite muy correctamente lo que nos pasa por la cabeza a los que nos gustan los jovencitos (jovencitos, si, pero sin pasarse).

Hoy, además, mi pequeñín cumple 20. Felicidades.


Quinta y última regla para mecánicos gays: Apreta bien los tornillos de los bajos

martes, 15 de septiembre de 2009

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Último capitulo de mi particular periplo de desgracias automovilísticas veraniegas. Me da la sensación releyendo lo ya escrito que no he sabido expresar como a mi me gustaría estas aventurillas estivales (no estaré inspirado), pero en cualquier caso, hoy va ésta última parte.

Contaba en el capítulo anterior que mi idea inicial de cerrar las vacaciones era pasar unos dias en Barcelona y regresar a casa. Pero lo cierto es que éstando allí, se me pasó por la cabeza la idea de ir a hacer fotos al único Talgo III que queda circulando, el Barcelona-Montpellier. Y de hecho, mi idea inicial era pillarlo por allí, cerca de Barcelona, pero no sé como llegó la idea de pasar al otro lado de la frontera y cascarle foto con locomotora francesa... Así, decidí aprovechar un dia para ir a Francia a costa de pasarlo con mis amigos Hugo y Luis que, además, tenían que trabajar.

La segunda rotura del cárter mandó a tomar por culo el planning inicial, y en lugar de pasar el sábado en Francia, tuve que hacerlo el domingo, y del tirón, llegar hasta Toledo, pues al dia siguiente trabajaba. El lugar que escogí tras buscar por internet fué Port la Nouvelle (buscaba una foto como ésta)

El viaje de ida no tuvo complicación, llegué facilmente al lugar que tenia echado el ojo de madrugada. Dormí unas horas en el coche y durante todo el dia me pegué una increible panzada de bicicleta plegable (cortesía de Luis, ¡gracias!) canal arriba, canal abajo, junto a la via, lejos de ella... Conseguí alguna foto muy parecida a la del link de arriba de ése mismo tren, porque para el Talgo III la luz desde allí no pillaba bien. El caso es que encontré un lugar decente, y además del Talgo pillé éste TGV Dúplex.

Cuando mis piernas dijeron que ya no podían mas, cerca de las seis de la tarde (desde las ocho de la mañana montado en la bici, y hacía como 6 o 7 años que no montaba), recogí mis bártulos y me dispuse a pegarme 900 km en coche. Cogí el peaje hasta la frontera en Leucate (previa parada para cazar otro TGV y un Corail) un domingo, 30 de Agosto, en plena operación retorno.

A pesar de todo, el tráfico era muy fluido y se podía ir a 130 km/h, que era la velocidad máxima de la autopista. Habían muchísimos coches españoles, y adelantando a uno de ellos, un Volkswagen Passat negro, escuché perfectamente, pues llevaba las ventanas abiertas, un ruido como si alguien hubiera tirado algo voluminoso a la calzada y lo hubiera pillado. Al ver que el Passat de inmediato se apartó al arcén, pensé que sería algun problema suyo, pero a medida que avanzaban los kilómetros, iba pensando que, visto lo visto, podía tratarse de alguna pieza de mi desvencijado coche. Así que en la primera salida a una via de servicio paré y, en efecto, los pronósticos fueron certeros: la talonera derecha ya no estaba. Habia salido volando y, como para buscarla ahora.

La parte restante del coche, mi equipaje, y yo seguimos viaje rumbo a casa. Una vez que lo aparqué dentro de casa, me bajé, saqué mi equipaje, y paré el coche jurándome a mi mismo hacerle una buena revisión antes de volver a cogerlo. O empezar a creer en seres divinos y rezarles para que cualquier dia no se me desmonte en ruta.

A pesar de todo mis vacaciones han sido de puta madre. Moltes gràcies al Marc i la seva família, al Hugo i al Luis, sense l'ajuda d'ells encara seguiria llençat qui sap on, intentant resoldre tots aquests problemes.


Cuarta regla para mecánicos gays: ¿Puede ir a peor la cosa? ¡Por supuesto!

lunes, 14 de septiembre de 2009

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Mientras por la mañana sudaba como un cerdo con la dichosa avería en ruta del Land Rover, por la tarde cogí un Ave rumbo a Barcelona, a ver si por fín conseguia cerrar dignamente las vacaciones que, realmente, ya habían terminado. Así, el plan era pasar jueves, viernes y sábado en Barcelona, y el domingo temprano volver a casa para, por la noche, ir al concierto de Despistaos en Illescas.

Pero como digo, si algo puede ir peor, ¡irá a peor!. El viernes, volvía de hacer unas fotos al Teco de Comsa, cuando me dirigía a recoger a mi amigo Hugo a la parada de Metro de Hospital de Bellvitge. La cosa es que llegué muy correctamente al lugar, pero no encontré la boca de metro, así que en el exterior del hospital, en un parking improvisado de tierra, aparqué mientras buscaba en el gps la localización de la boca de Metro. Sí, habéis leido bien: un parking de tierra. La segunda entrega de éste culebrón sinfín lo dije bien claro: los coches no son para los caminos. Y añado hoy: ni para los parkings de tierra.

Al salir de dicho parking, mi recien estrenado cárter chocó con un hierro retorcido clavado en una generosa base de hormigón, perfectamente disimulado entre la tierra del parking. Y sí, nuevamente, otro cárter roto. Los trescientos y pico euros que me gasté la semana anterior se esfumaron en escasos segundos. Pero tal vez toda esta racha de mala suerte comenzó a remitir en el mismo momento en que volví a joder el coche.

Allí estaba yo, tirado, un viernes por la noche, sin medio de locomoción, a 600 km de mi casa, y teniendo que trabajar el lunes siguiente. ¿Jodido el tema, eh?. Pues mientras mi cerebro buscaba una solución a todo este desaguisado, un hombre que pasó por all rumbo al hospital empezó a hablar conmigo, dado que el surco de aceite que dejé en el parking era impresionante. Resulta que el hombre era mecánico y me ofreció intentar arreglar el coche el sábado si conseguia llevarlo en la grua a su taller, que estaba en un pueblo cerca de Martorell, algo retirado de donde me encontraba, pero al menos ¡era una solución!. Podía tener el coche arreglado en un plazo muy razonable y terminar por fin mis vacaciones. Así que llevé el coche con la grúa allí, vino Hugo a recogerme con su coche, y abusando nuevamente de su hospitalidad dormí en su casa.

Al día siguiente, después de comer, subimos nuevamente a aquel pueblo (¿Masquefa?) a recoger el coche ya reparado y con unos pocos billetes preparados en la cartera, pues en ésta ocasión la broma subió a 410 euros por haberse estropeado la campana de absorción de aceite de dentro del cárter. El boquete que se hizo en el cárter fué de órdago, pues debia tener como 2 o 3 centímetros de diámetro.

Lo que quedó de sábado lo pasé preparando mi excursión a Francia y dí un par de vueltas con Hugo en el Metro, fuí a la casa de mi amigo Luis a recoger su bici plegable que me prestó generosamente para mi excursión del dia siguiente, y, ya de madrugada, salí rumbo a Port la Nouvelle, pero eso ya es otra historia.

Tercera regla para mecánicos gays (y conductores en general): Si sacas el coche, llena el depósito

sábado, 12 de septiembre de 2009

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Lo cierto es que mis dias de vacaciones se me acabaron muy pronto. Demasiado. El día que tuve que recoger mis bártulos del bungalow (el mismo dia que a los yogurines porreros vinieron a recogerles sus papás y mamás) la verdad que no me podía creer lo rápido que se habian pasado esos dias. El taller del Sr. Esteve me arregĺó el coche bastante rápido, aunque me costó 350 euros la broma. Así que no me quedó otra que rascarme el bolsillo y, terminado mi periodo en el camping, abusar de la confianza de mis amigos catalanes e instalarme en su casa unos dias.

Otro de los problemas de tener tan pocas vacaciones, es que no pude satisfacer a todo el mundo, y de hecho hubo dos personas a las que no tuve tiempo de visitar y ni siquiera de llamar, así que en otra ocasión tendré que dedicarles en exclusiva una visita a Barcelona. Y ellos tendrán todo el derecho del mundo a darme un par de collejas o azotes por haber estado en su ciudad y no haberles avisado. Lo siento de veras pero...

Pero no había terminado de descargar la maleta en la casa de Hugo cuando casi me tuve que ir. Ciertamente, llegué el sábado, y yo contaba con que los favores que últimamente le hice a mi jefe tendrían la modesta recompensa de dejarme dos o tres dias libres después de mis vacaciones, pero no fué así. Una llamada el domingo por la mañana, camino de Montserrat, me avisó de que debía estar en Cuenca a las 6.00 del Lunes. Así que la solución mas rápida y que mejor se me presentó, fué irme en Ave y dejar mi coche allí, y al final de la semana volver y terminar las vacaciones mas o menos en condiciones.

Pasé los dias de curro y justo antes de volver a Barcelona, me dispuse a llevar el Land Rover al taller, para ver si por fín le paso la revisión y puedo disfrutarlo algo. Así que yo, muy valiente, cogí con un amigo y nos dispusimos a llevarlo al pueblo de al lado, al taller mas cercano, circulando con él por una carretera provincial bastante transitada, a pesar de que circulabamos, digamos, documentalmente incompletos. Llegado al punto mas jodido del trayecto, el dichoso aparato empezó a pegar tirones y decidió que de allí no se iba a mover. Y al final, se paró en medio de la carretera. Todo parecía indicar que se había quedado sin gasoil, pero lo cierto es que marcaba casi un cuarto del depósito. Lo aparté como pude, fuimos a por gasoil a la gasolinera, pero ni con esas. Al final hubo que llamar a una grua para rescatarlo, broma que me costó cien euros, mas lo que cueste arreglarlo, que vaya usté a saber por cuanto sale la bromita.

Los duendes de la mecánica, desde luego, no parecían estar muy de mi parte. Algo que pude confirmar apenas 24 horas después.

Segunda regla para mecánicos gays (y conductores en general) Los coches no son para los caminos

jueves, 10 de septiembre de 2009

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La feria de Campillos terminó y yo me trasladé con mi vehiculo-de-a-motor hasta Tarragona. Mil ciento y pico kilómetros (pasando por casita y con un bañito en la piscina de por medio) para pasar unos dias de relax en un camping junto a la playa. Además de disfrutar de la playa, tenia previsto visitar a mis amigos de Barcelona, e intentar hacer fotos a algunos trenes de los nuevos operadores que están circulando por aquella zona.

Y lo cierto es que lo pasé en grande. La playa era maravillosa, la piscina del camping mas aún, y mi pequeño bungalow se encontraba rodeado de yogurines a cual mas mono que se afanaban en maltratar su cuerpo dia y noche a base de costo y whisky. Y yo encantado de ver como correteaban por alli exhibiendo sus torsos desnudos sin pelo alguno... ¡quien volviera atras en el tiempo!

Pero, desde lo de la rueda, la mala suerte se alió conmigo, y fueron numerosas las veces que perdí el tren dichoso por apenas minutos. Uno de los dias, que tenía tiempo de sobra para hacerle foto, decidí meterme por un camino (como he hecho otras muchas veces) pero ese dia fuí a tropezar con una piedra minúsucla que se encaprichó y rozó el carter del motor, haciéndole una fisura, con lo que fuí perdiendo aceite (¿curioso?). Al mirar por el espejo y ver el rastro de aceite negro en el camino, paré, y llamé a la grúa, con lo que pude evitar un problema mayor, pues si no me llego a dar cuenta, posiblemente me hubiera cargado el motor y ahí sí que hubiera tenido un problema de verdad.

La verdad es que si todo se solucionó con gran facilidad fué gracias a Marc, un chaval que conocí cuando estuvimos con la locomotora conociendo las líneas de Barcelona. El y su familia me dispensaron todo tipo de facilidades en unas circunstancias como las que se me presentaron: con el coche averiado a tomar por culo de casa y sin otro medio de locomoción. Si me está leyendo (que seguro que sí), nuevamente: Gracias por todo.

Primera regla para mecánicos gays: poner bien las ruedas del coche

martes, 8 de septiembre de 2009

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Mis dias vacacionales que tanto añoro (¿por qué no inventan un aparatito para que cada mediados de Septiembre podamos volver a primeros de Junio?) empezaron a torcerse al poco de llegar a Campillos. Mis vacaciones veraniegas, de hecho, estaban planificadas para poder volver allí y disfrutar de los dias de Feria. Ciertamente, no salió todo tal y como yo esperaba, pero sí fue bastante bien y me divertí muchísimo.

Uno de los dias de feria se vino Miguel. Y como el tren que mejor le venía no paraba en Antequera, tuve que bajar hasta Málaga a por él. Y fué volviendo de Málaga cuando empezó a torcerse la cosa. En concreto, empezó a sonar un ruido en una rueda, sobretodo al girar. Yo ya me temía averiado en Campillos y con una reserva para un bungalow en Tarragona para el lunes siguiente que temía perder. Así que paramos un par de veces a echar un vistazo a la rueda y a la dirección, pero nada de nada.

La noche la pasamos dándole al Legendario+Radical (tampoco entiendo porqué cuesta tanto encontrar ron Legendario en Madrid) y aunque inicialmente queríamos "parranda", al final optamos por ir en plan mas tranquilo.

Al dia siguiente comimos de maravilla, y entre otras cosas nos pusieron taquitos de rosada, un pescado que, como el Legendario, no hay quien lo encuentre fuera de Andalucia, y a mi me pierde. Y después tomamos café con uno de mis viejos ligues de Teba, un pueblo muy cercano. Y en ese recorrido, el ruido de la rueda fué yendo poco a poco a mas, hasta algún punto ciertamente preocupante. Una nueva revisión a la dirección, y nada anormal. Nos acercamos a Almargen y de paso vimos algún tren, y de regreso a Campillos, ya preocupado por el ruido del coche, opté por desmontar la rueda. Y fué al quitar la tapa de la llanta cuando descubrí... ¡que estaban tres de los cuatro tornillos fuera!. Desde luego que no nos matamos de puro milagro. Y lo peor de todo es que no logro entender cómo se han aflojado los tornillos cuando la rueda lleva meses y meses puesta, y un vándalo no ha sido porque una de las tuercas flojas era la antirrobo...

Solo me queda pensar que la última vez que la quité, que sería en Marzo o Abril, no apreté bien los tornillos... pero desde luego que no quiero ni imaginarme qué hubiera pasado si la rueda se hubiese escapado...

Pero bueno, solo fué un susto. A pesar de todo, a raiz de ésto las vacaciones se fueron torciendo poco a poco. Mañana mas.

Vuelta a la normalidad

lunes, 7 de septiembre de 2009

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Parece que por fín todo vuelve a su cauce. Yo a mi casa, a hacer mis viajecitos con el tren, y en definitiva a mi vida tranquila. Mi coche parece que ha pasado la mala racha que nos acompañó en nuestro viaje por Cataluña y Francia.

Esta semana espero ponerme las pilas con el blog. Para despedirme por hoy dejo una canción. El otro dia llamé a Diego porque, no se cómo, escuché una canción de Ana Belén en la radio, una cosa llevó a la otra, y recordé algunas canciones de aquella gira "El gusto es nuestro". Al final acabé viendo el concierto completo en youtube, y ésta es de las que mas me gustan.

Mal te veo

sábado, 29 de agosto de 2009

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Todos los años paso una época mala, en la que parece que me haya mirado un tuerto y todo me salga mal. Y en éste caso la mala racha me ha pillado antes, durante, y después de las vacaciones. Resumiendo mucho, pues pondré en serio a contar mis aventuras y desventuras de éstas vacaciones cuando vuelva a casa, he llamado mas veces a la grúa en tres semanas que en toda mi vida. Y eso por no hablar del precio de las reparaciones.

Pero en fin, estoy en Barcelona y me acaba de llamar el mecánico que amablemente me ha arreglado el coche en horas un sabado: 400 euros, una pasta, pero puedo seguir con mi ruta turística. Esta noche saldré para hacer mi primera incursión en Francia, corta, porque será solo un dia, pero espero que salga todo bien (¿puede ir algo peor?).

Blanco y negro

domingo, 16 de agosto de 2009

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La verdad es que el pobre Lucas estaba pidiendo a gritos compañía, porque dejarle cerrado en casa sólo cuando me voy a trabajar no es una solución muy apropiada, y mas con éstos calores. Así que, cuando surgió la oportunidad de adoptar esta gatita negra de la estación de Vicálvaro, acepté y me la llevé a casa. Bien es cierto que el primer dia fué de lo mas estresante y agotador, para ella y para mi, porque separarla de su madre después de los dos o tres meses que había pasado allí y llevarla a un nuevo hogar fué algo traumático. Aún escucho los exagerados maullidos que emitía cuando saliamos de la estación en el coche. Las que hasta entonces habían sido sus cuidadoras, las chicas que se encargan del repostaje de gasoil, les daba pena que se marchara pero tampoco podían quedarse cuidando de ella.

Lucas al principio no llevó bien eso de que metieramos en su territorio otro bicho, pero poco a poco fué mejorando la cosa hasta que han empezado a jugar juntos, por casa y por el jardin. Así que ya tienen compañía mutua.

He dudado mucho cómo llamarla: Carol, Lola, Rita... al final la cosa se quedó entre Lois y Lúa. Y al final se ha quedado como el proyecto de rockero

La tormenta

jueves, 13 de agosto de 2009

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Vaya la que se ha liado estos dias con la lluvia. Yo que soy un chico netamente veraniego (el frio pa el que lo quiera) me jode muchísimo que en pleno mes de agosto se ponga a diluviar (porque lo de hace unos dias en Toledo fué el diluvio universal). Que no digo que no haga falta o venga bien, pero las lluvias en invierno, please.

En cualquier caso, al menos en mi casa, cayó la mayor chupa de agua que he visto en el año que llevo allí viviendo. Al juntarse con un viento exagerado, entraba agua por todos los recovecos de las ventanas e incluso por alguna rendija del techo. Las principales víctimas del jardín fueron una cantidad exagerada de peras que cayeron del árbol por el viento (otro dia dedicaré un post a los frutales de mi casa, que este año se están portando muy bien).

Salvo por el disgustazo de que no he logrado pasar la ITV al Land Rover, las vacaciones van bien, aunque me da que me van a saber demasiado a poco. Eso si, horas de coche no me van a faltar, porque Toledo-Campillos, Campillos-Toledo-Tarragona y Tarragona-Toledo suman muchos kilómetros que ya no estoy acostumbrado a hacer en coche. Al menos, confio en que algún dia ligue y/o moje el churro, que falta hace y nunca viene mal.

La pulserita

miércoles, 12 de agosto de 2009

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La verdad es que jamás podia pensar, hace ya casi dos años, cuando me puse por primera vez la pulsera arcoiris en la mano, que podía llamar tanto la atención a la gente. Y lo cierto es que, hasta hace poco tiempo, nadie me habia dicho absolutamente nada (salvo mi padre, que un dia me preguntó si era la pulsera de los gays, y mi hermana, muy avispada ella, sentenció que no, que era la bandera de la paz).

Hace unos meses, estaba esperando la cola de la caja de un Mercadona (tradicional sitio de empleados que entienden) que no es al que habitualmente voy a comprar. Como no observé a priori ningún cajero yogurin y/o buenorro, me puse en una fila cualquiera, y la cajera, en esta ocasión, era una lesbiana de manual: fuertota, pelo corto engominado y voz grave. Después de pasar toda mi compra y darme el total, pasó la tarjeta y cuando firmé sobre la pantallita que registra la firma, noté como se quedó observando la pulsera. Extrañada preguntó (mientras las marujas de la cola y las cajas aledañas no perdían detalle)

- Y esa pulsera ¿que es?
- Es la bandera gay.
- ¡Anda!. Nunca lo habia visto. Pensaba que sería otra cosa.
- No, no, es la bandera arcoiris del orgullo gay.
- Y ¿donde se compra eso?
- En Chueca.

Yo ciertamente pensé que me estaba vacilando, y la verdad que no lo sé, pero creo que se hizo un poco la tonta para ver qué le respondía. El asunto simplemente me hizo gracia y, sin mas, me despedí y me marché con mi compra a otra parte.

Y aunque ésta es la anécdota graciosa, la ocasión en que realmente me ha tocado la moral es cuando uno de los amigos con los que estuve en Campillos hace cosa de un mes, me vino a decir que no entendía porqué llevo la pulsera siempre puesta y que la gente se fija y cuchichea cuando lo ven, cosa que a mi sinceramente me la trae al fresco. Ese "no lo entiendo", "es como si te marcaran" o "se nos quedan mirando" es algo que me sento muy pero muy mal, puesto que hasta ahora nadie y menos un amigo mio se había atrevido a cuestionar algo que yo he decidido con todas las cosecuencias, puesto que ya soy mayorcito. Es como si sales con un amigo con pluma y le dices que se corte "porque a ver que van a pensar..." Es algo que no comprendo.

En cualquier caso, mis vacaciones han comenzado y, con pulsera incluida, me voy unos dias a disfrutar de la feria de Campillos, y después de relax a Tarragona. Playa, fotos, trenes, y niños monos en bañador. ¿que mas pedir?


Los chicos del anuncio

sábado, 8 de agosto de 2009

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El otro dia en la parada del autobús me encontré con éste anuncio de calzoncillos Dolce & Gabbana, o como quiera que se escriba. Me llaman la atención muchos detalles de éste anuncio, porque ¿que puede llevar a un hetero a comprar calzoncillos D&G viendo este anuncio? Porque sólo hay hombres, hombres que están buenos, muy buenos o buenos que te cagas, y a juzgar por las apariencias todos gays. Fijaros si no en el que está mas a la izquierda, tiene una pose absolutamente gay, y para mas inri, le pone la mano en el hombro al de delante, que por supuesto ¡también es gay!. El detalle definitorio es cómo agarra de la pierna al de detrás, con suavidad, como queriéndole decir "en cuanto se vaya la cámara serás mio, ladrón".

Pero no perdamos de vista a los otros tres individuos. Del que está mas a la derecha hay que destacar, sin duda alguna, esa equilibrada tableta de chocolate. Está en su punto, ni mas, ni menos. Ya lo quisiera yo para mi. Además de estéticamente bonito, es útil pues puede servirte de fregadero. Pero fijémonos en esa barba tan perfectamente recortada: sólo hay una persona en el universo que lleve la barba tan perfectamente recortada: el "Parada" (en la foto el hombre de la izquierda, por si hubiera dudas). Y, qué decir, muy muy hetero no es que sea éste señor, así que por asociación de ideas, nuestro hombre barbudo y de hermosa tableta del anuncio es, lógicamente, gay.

¿Y el de al lado? Fijémonos en su cara de viciosete. Tiene pinta de tirarse horas y horas a diario en el bakala o en el chat de Chueca buscando folleteo. Seguro que se tira las tardes muertas sondeando víctimas a las que llevarse al huerto sin mayor piedad. O se pasa los ratos libres en los puntos de cruissing de las ciudades. Aunque, también es cierto, que tiene un poco pinta de ser el tipico hetero vicioso que se folla a todas las secretarias, no es menos real que los heteros viciosos son auténticos gays reprimidos. Yo acabé harto de ellos cuando descubrí que lo único que les interesaba es que les hagas lo que sus novias no les hacen, en lugar de pasar un buen rato mútuo. Que les dén. Por eso, debemos concluir en ésta tesis que el chico con cara de viciosete es gay.

Nos queda uno. Lo cierto es que no tengo muchos datos para concluir que este señor que posa ahí es gay o no. A mi, por su cara, me da la sensación de que le acaban de sacar de algún pueblo perdido de la mano de Dios y está completamente perdido. No se, es raro. A mi me parece que tiene un poco cara de paletillo. Pero, rodeado de tanto marica, ¿puede un hetero mantener su heterosexualidad intacta? Yo soy de los que piensan que la gran mayoria de la civilización nace bisexual. (que por cierto, qué facil seria todo si todos fueramos bisexuales no?

En fin, yo desde luego, a juzgar por los protas del anuncio, mañana estába comprándome dos docenas de calzoncillos D&G, pero me jode mucho gastarme un pastizal en un cacho de tela mas bien pequeño. Así que seguiré con mi ropa interior barata y eficaz aunque, posiblemente, menos estética. Aunque a decir verdad, como no tengo un cuerpo 10 para lucir tipín, me importa menos aún. Si tuviera esa tabletita... otro gallo cantaría.

Niños que te miran a los ojos

lunes, 3 de agosto de 2009

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En mi antiguo blog hablé muchas veces de lo incómodo que me siento cuando, espontáneamente, surge ese peculiar "juego de miraditas" con algún desconocido. Aunque tal vez la palabra no sea incómodo, sino "raro". Incómodo es cuando éste intercambio de miradas ocurre con alguien que te provoca flaccidez en lugar de erección. Me resulta raro cuando el que está al otro lado me gusta porque no sé muy bien qué hay que hacer después, si esque hay que hacer algo, que yo entiendo que sí, porque si no te gustase al que miras, no le mirarias.

La cuestión es que el otro dia, en el Cercanías, un hermoso ejemplar yogurin post-adolescente de ojos azulados no dejaba de quitarme el ojo. Me recordó un poco a la situación que viví hace un par de años en la inauguración del tranvía de Aravaca y Boadilla, cuando un joven imberbe no solo no me quitaba el ojo de encima sino que encima me preguntó un par de cosas muy estúpidas, tipo "¿tienes hora?". Y yo, lerdo de mi, fui incapaz de llevar la conversación un puntito mas allá. Aquel melenitas marchó campo a través mientras yo me quedé con mi calentura y mi amargura dando vueltas en el tranvía.

El ojitos azules del Cercanías parecia un poco mas joven que el del tranvía, pero tenia lo que con algunos amigos llamo "cara de malo", de hecho, yo creo que si le guiño el ojo me arrea dos ostias. Pero por otra parte, no entiendo qué puede llevar a un chaval hetero mirar tan fijamente a los ojos a un pive como yo que, además, llevaba ese dia una barba de varios dias bastante poco atractiva (a lo mejor era eso, que estaba horrible). Pero como en todas las historias de éste tipo, el tren llegó a su destino, nos bajamos, y desaparecimos por caminos distintos. Tal vez la próxima...

Liarse la toalla a la cabeza...

sábado, 1 de agosto de 2009

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... Y después ponerla en el carril cuando viene un tren. Esta acción básicamente es la que una amable señora tuvo a bien hacer cuando circulabamos con la locomotora por Miami Playa (que, aunque no lo parezca, es un pueblo de Tarragona) hace unos dias. No voy a contar el desenlace de la historia, porque es mas que evidente, pero sí que quiero destacar ese afán de los suicidas por tirarse al tren, existiendo métodos para morir muy dignamente: hay barrancos por los que tirarse, lagos donde ahogarse, pastillas para sobremedicarse, cuchillas cortavenas, gas butano para morir por asfixia o explosión, incluso hay un extenso catálogo de drogas ilegales con las que puede uno darse un buen chute y quedarse frito.

Eso si, siempre es recomendable antes de poner fin a la existencia de uno mismo, darse un rulito por el psicólogo, no vaya a ser que todo sean movidas mentales sin mayor importancia.

En cualquier caso, una muerte siempre es algo triste, y casi siempre que me toca tratar éste tema me acuerdo de éste final con el que es imposible aguantar sin soltar una lagrimita. ¡que cosas nos ponían de niños!

Triste adiós a esas cajitas rojiplatas

lunes, 27 de julio de 2009

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Han pasado ya varios dias y aún no soy plenamente consciente de que hemos dicho Adiós al Talgo III. Parece mentira que por fín Renfe haya decidido prescindir de los servicios de esas singulares composiciones que han surcado nuestras vías durante 45 años. Son innumerables los kilómetros recorridos, los viajeros transportados, incluso las generaciones de ferroviarios que han trabajado con éstos trenes, dentro y fuera de ellos. Y es que, jamás en este país se ha conocido un material que haya sido tan longevo y que ,a pesar del mal uso que la operadora ha hecho de él en los últimos años, haya podido cumplir tan dignamente con su cometido.

Y es que, en ningún país de mas allá de los Pirineos, se les habría ocurrido retirar material relativamente nuevo y modernizado y poner en su lugar trenes con casi cuarenta años de funcionamiento para recorridos cercanos a los mil kilómetros. Esto es lo que pasó a principios de éste siglo con los trenes transversales Barcelona-Euskadi/Asturias/Galicia/Salamanca y aún hoy creo que nos podemos tirar de los pelos al pensar en semejante cambio, pero lejos de desmontarse por el camino, a pesar de los numerosos recortes en mantenimiento por parte de Renfe, el Talgo III ha sido exprimido como una naranja hasta el último dia.

Hoy, el ferrocarril en España vive un punto de inflexión. Gran parte de lo que hoy tenemos surcando nuestros vias, en breve será poco mas que recuerdo: hemos empezado por el Talgo III, los Intercity's, y detrás van a ir japonesas, 319's, Camellos, 440's... Muy pronto toda esta realidad será unicamente un recuerdo en nuestras retinas.

Política i amics

martes, 21 de julio de 2009

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Lo sé, este reencuentro con la “blogsfera” está siendo mucho mas descafeinado de lo que esperaba. No es que me falten cosas que contar, porque podría escribir cada dia un largo capítulo, lo que me falta es tiempo. Prácticamente llevo dos semanas sin pisar mi casa y sin internet, así que tampoco he tenido fácil sentarme frente a la pantalla y darle a las teclas. Pero por fín, aqui estoy, dispuesto a plasmar mis movidas y mis historias. Como se suele decir, comenzaré por el principio.

Después de casi ocho meses, volví a Campillos. Fué con ocasión de la verbena de “San Benito”, y aunque me reencontré con menos gente de la que esperaba y deseaba, fué un viaje muy interesante y en muy buena compañía. Pero, porque siempre hay peros, me reafirmé en las notables diferencias ideológicas que me separan de algunos de mis amigos, algo que descubrí hace varias semanas y que me ha tenido mas “rayado” de lo que podría esperarse. Claro, que las diferencias ideológicas son casi parejas con las diferencias de estatus social entre nosotros, pero a pesar de esto, no termino de comprender ni siquiera levemente como un tio homosexual pueda ser de derechas: no me cabe en la cabeza. Y esa es la cuestión, que tengo varios amigos maricas y de derechas.

Y hay temas que aún me resultan especialmente mas sangrantes intentar debatir con ellos porque jamás en mi circulo de amigos he encontrado gente tan ideologicamente distinta a mi: defender el abaratamiento del despido, primar la economía por encima de las personas o el medio ambiente, o ser favorable a Esperanza Aguirre y su séquito mediático encabezado por Curri Valenzuela son cosas que, por supuesto, respeto, pero no logro comprender.

Sí que he conseguido entender en este tiempo es que gran parte de “culpa” (por así llamarlo) es la diferencia de estatus social: tal vez si estas personas hubieran pasado los carros y carretas que yo y mi familia hemos superado pensarían de otra manera muy distinta: recuerdo perfectamente ir de pequeño con mi viejo ir a la oficina del Inem para cobrar el paro, o como se ha matado a trabajar de 6 de la mañana a 10 de la noche para darnos a mi hermana y a mi una vida digna a pesar de que no tuviera estudios. O encontrarte con que despiden a tu padre del trabajo después de casi veinte años en su puesto mientras mi madre está en el hospital con cáncer, son cosas que creo que te marcan lo suficiente como para que me vengan contando que cuanto mas barato es el despido mas puestos de trabajo se crean. O llorar porque “previsiblemente” en el primer trabajo vayan a cobrar 15000 euros anuales cuando esa cifra en mi familia no se ha visto ni en los cuadros. ¿Rio o lloro?

Pero esta quemazón interna de los últimos tiempos ha sido prácticamente proporcional a mi admiración y agradecimiento a mis amigos catalanes, que no sólo en este tema, sino en la mayoría de los que tratamos, tienen una visión mucho mas abierta y progresista de la que cualquiera de mis amigos de Madrid pueden tener, piensen como piensen. Una de las cosas que mas claro tengo dia a dia es que en ese eterno debate Madrileños versus Catalanes, sin duda alguna somos muchísimo peores los madrileños: yo creo que en el fondo nos corroe la envidia porque los catalanes están muchos pasos por delante nuestra, en nivel de vida, en educación, en política,etc... Lo de la cuestión lingüistica es solo una de las cosas que nos “joden” de ellos. Les llamamos “polacos”, y ellos ¿que nos pueden llamar? ¿españoles?

En fin, peliagudo es éste tema de amigos y política, y me figuro que en otros sitios será mas complicado aún, como en el Pais Vasco... trataré de darle la justa importancia a todas estas cosas pero, desde luego, es algo que me ha sorprendido y pillado por sorpresa.

Orgullo

jueves, 9 de julio de 2009

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Este pasado fin de semana fué la manifestación estatal del orgullo gay. Y si bien, el año pasado fuí un poco mas "participe" de la semana de fiestas en Chueca, nunca habia acudido a este señalado evento, querido por unos y odiado por otros.

Realmente, si alguien me preguntase qué es la manifestación del orgullo gay, posiblemente le respondería que es un dia de fiesta en que la gente toma la gran via para pasarselo bien. Esa, al menos, fué mi percepción. Sí, por supuesto que también está lo del desfile de carrozas cargadas de gente y tal, pero quedarse con la imagen de drag-queens bailoteando sobre un camión es ser muy superficial. Es como simplificar que gay=locaza, afeminado, etc... Y sabemos que hay de todo en la casa del señor.

La verdad es que lo de las carrozas es lo que menos me impresionó de todo. Me pareció bien que los distintos organismos que colaboran por la defensa de los derechos de los no heterosexuales vayan con su camion haciendo el cabra, o si se es algo mas pobre, con una furgonetilla, que es como iban los de UPyD . Algo mas incomprensible es que los de Madrid positivo fueran tambien con una furgonetilla, porque lo que tenian que hacer es llevar un camion que fuera regando de condones la calle, anque sean gomas mas malas que enrollarse la cola en papel celofan, pero algo es algo, y mas tratándose de entidades por la prevención del VIH.

Después del paso de la última carroza (la penúltima era un autobus de "Viajes La Lupe", empresa con la que dos amigos están siempre de cachondeo) Diego y yo nos fuimos al retiro a descansar un rato en un banco, porque la verdad que las aglomeraciones de gente a mi me agobian mucho, y allí habia muchísima gente. Detrás de todo iba la comitiva de limpieza que retiraba kilos y kilos de mierda que la gente iba dejando en el suelo: confirmado, somos unos cerdos. Pero tampoco es que hubiera otro sitio donde tirar botellas, vasos, etc...

Fuimos a cenar a uno de los bares que hay detrás de la Puerta del Sol, y mas tarde volvimos a dar un último paseo por la "zona cero", y a la una y pico de la noche, la Gran Via estaba tomada por la gente. Fuimos andando desde Callao hasta Cibeles y el ambiente festivo de la calle me recordó muchísimo a una visita que hice a Bilbao durante su fiesta grande, eso si, a falta de las casetas en medio de la calle.

Llegando a Cibeles me dí cuenta de la dimensión que está tomando este evento y que se va acercando mas a una gran fiesta municipal que a una jornada de reivindicación de derechos, dicho lo cual, la verdad, me parece genial, porque si la gente toma, no ya como suyas, sino casi como las fiestas de la Ciudad las que en realidad son las "fiestas de los gays", es que la sociedad está despojándose de los prejuicios que durante tantos años han existido y nos indica que de verdad la "normalización" ha llegado.